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Una saga que eclipsa el terror a los vampiros

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Eclipse

Cuando me enteré que Stephenie Meyer -la autora de la saga de libros y películas sobre vampiros más popular en la actualidad-, pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (conocida popularmente como Mormones), y que la idea para escribir la novela "Crepúsculo" llegó a ella por medio de un sueño un 2 de junio de 2003, el cual transcribió en el capítulo 12 del libro, según ha confesado, comencé a preguntarme qué era lo que estaba atrayendo tanto a los jóvenes adolescentes este Best Seller mundial.

Como buena mormona, Stephenie Meyer no esta de acuerdo con el sexo premarital. La iglesia mormona es tajante con respecto a esto. Sin embargo, cualquiera que se asome a las páginas de su obra, o a las películas homónimas que recrean la saga, caerá rendido irremediablemente ante los encantos sobrenaturales de Edward Cullen (Robert Pattison), sólo por sus palabras, sus miradas, sus castos besos y sus tímidas caricias, sin prescindir de una sola prenda de ropa. Mayer lo deja todo muy en claro: Edward ama perdidamente a Bella (Kristen Stewart), y este se odiaría eternamente (y para un vampiro eso es demasiado tiempo) o se haría matar (por el hombre lobo) si un ínfimo desliz en su autocontrol le hiciera perderla para siempre. Al final, solo se nos presenta como un vampiro despojado de todo su terror.

Efectivamente, las obras siempre están influenciadas por las vidas de sus autores y así lo demuestra, por ejemplo, "Crepúsculo" en la cual hay una escena en la que están Isabella y Edward en su cuarto y ambos no tienen relación alguna, salvo acostarse uno junto al otro para acariciarse. Algunos opinan que todo ello se convierte en un buen mensaje para la juventud ya que les ayuda a tomar conciencia de la necesidad de prevenir el sexo a temprana edad y sus grandes riesgos, el embarazo precoz, el contagio de VIH y otra enfermedades venéreas, y que lo que pudiera existir es solamente un gran amor, que solo es posible consumarlo como amantes en el matrimonio.

La saga también ha sido calificada como una obra del género mágico, lo cual no es muy cierto, ya que, en todo caso, podríamos más bien catalogarla como una expresión literaria de los que significa la magia del amor, porque el terror -al que nos tienen acostumbrados los vampiros, queda en segundo plano. Algunos, han llegado a compararla con la saga de Harry Potter, pero la Mayer se ha encargado de negarlo rotundamente.

Igualmente, la obra de Mayer ha sido acusada de machista, y como un canto a la mujer débil, torpe, tonta, que necesita siempre depender de un hombre en su vida, ya sea normal, vampiro o licántropo, ya que, siendo una novela escrita en el Siglo XXI, tiene una idea del amor y de la pareja del Siglo XIX. Aunque no llega a ser un cuento de hadas, tampoco puede ser catalogada como un típico cuento de terror, y tal vez sea cierto que esté fuera de un contexto esnobista, pero es un intento de mostrar a la juventud actual el valor profundo que aún tiene encontrar el amor eterno y verdadero, con una idea de lo romántico bastante cursi y toda una serie de clichés, muy al estilo de los ya olvidados folletines de Corín Tellado.

En otra ocasión hemos comentado que lo que comenzó como el terror del hombre por ser absorbido síquica y físicamente por alguna entidad del más allá, hasta verse convertido en el esclavo eterno de lo maligno, continuó como el horrible mito de los Nosferatus, que derivó finalmente en vampiros literarios, o en un Christopher Lee vestido de frac, en el cine, hasta llegar a Buffy, la serie de televisión acerca de una adolescente preocupada de la ropa, la moda y el amor y más recientemente TrueBlood.

La tercera entrega cinematográfica (que recién ha sido estrenada) de la saga de Stephenie Meyer, está protagonizada por los jóvenes actores Robert Pattison (Edward Cullen) y Kristen Stewart (Isabella Swan), bajo la producción de Summit Entertainment. Esta tercera película está a cargo de del director David Slade (30 días de oscuridad, Hard Candy). El director británico sustituye a Chris Weitz (La brújula dorada) quien dirigió "Luna Nueva", la segunda entrega de la famosa tetralogía de Stephanie Meyer.

La trama de “Eclipse” se centra en la graduación de Bella quien deberá enfrentarse a la decisión (o tentación) más importante de su vida: elegir entre Jacob o Edward, sabiendo que su decisión podría avivar la centenaria lucha entre vampiros y hombres lobo. En Eclipse, podemos leer este párrafo: "Desde que mi mejor amigo, y hombre lobo, Jacob Black, había estado montando en moto a escondidas -una traición que había ideado para conseguir que mi padre no me dejara salir y no pudiera estar con mi novio, y vampiro, Edward Cullen-, sólo me permitían ver a este último desde las siete hasta las nueve y media de la noche, siempre dentro de los límites de las paredes de mi casa y bajo la supervisión de la mirada indefectiblemente refunfuñoña de mi padre”

La pregunta lógica que uno se hace es por qué a muchos no les gusta la idea de que un vampiro -un ser completamente inmortal, despiadado y sin corazón- pueda enamorarse perdidamente de una humana, y que siga en busca de su cuello, ese objeto del deseo tan sexy y vampiresco. Tal vez, es esta la razón por la que los libros y las películas se hacen tan atractivos para los lectores y les induce a que vuelen un poco más allá de su imaginación. Sus fans-que son jovencitas adolecentes en su mayoría-, crecen pensando que lo más importante en la vida es tener un novio como Robert/Edaward, que todo sea muy romántico y pasional, y por supuesto que sea respetuoso de sus intimas virtudes, a pesar de sus intensiones vampirescas.

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